miércoles, 6 de noviembre de 2013

Soledad primera. Góngora.

Soledad primera
Era del año la estación florida 
en que el mentido robador de Europa 
(media luna las armas de su frente, 
y el Sol todos los rayos de su pelo), 
luciente honor del cielo, 
en campos de zafiro pace estrellas, 
cuando el que ministrar podía la copa 
a Júpiter mejor que el garzón de Ida, 
náufrago y desdeñado, sobre ausente, 
lagrimosas de amor dulces querellas 
da al mar, que condolido, 
fue a las ondas, fue al viento 
el mísero gemido, 
segundo de Arïón dulce instrumento. 
Del siempre en la montaña opuesto pino 
al enemigo Noto, 
piadoso miembro roto, 
breve tabla, delfín no fue pequeño 
al inconsiderado peregrino, 
que a una Libia de ondas su camino 
fió, y su vida a un leño. 
Del Océano pues antes sorbido, 
y luego vomitado 
no lejos de un escollo coronado 
de secos juncos, de calientes plumas, 
alga todo y espumas, 
halló hospitalidad donde halló nido 
de Júpiter el ave. 
Besa la arena, y de la rota nave 
aquella parte poca 
que le expuso en la playa dio a la roca; 
que aun se dejan las peñas 
lisonjear de agradecidas señas. 
Desnudo el joven, cuanto ya el vestido 
Océano ha bebido, 
restituir le hace a las arenas; 
y al Sol lo extiende luego, 
que, lamiéndolo apenas 
su dulce lengua de templado fuego, 
lento lo embiste, y con süave estilo 
la menor onda chupa al menor hilo. […]

Luis de Góngora y Argote.

Rubens. El rapto de Europa (1628-1629). Museo del Prado, Madrid.

Bibliografía:

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