Ronda de Sabbat de Victor Hugo ilustrada por Louis Boulanger.
La litografía de La ronda de Sabbat se encuentra en la Maisons de Victor Hugo
Vía | http://www.odisea2008.com/2011/04/ilustraciones-de-obras-de-victor-hugo.html
jueves, 22 de enero de 2015
jueves, 3 de abril de 2014
Abril florecía. Antonio Machado
Abril florecía
frente a mi ventana.
Entre los jazmines
y las rosas blancas
de un balcón florido,
vi las dos hermanas.
La menor cosía,
la mayor hilaba ...
Entre los jazmines
y las rosas blancas,
la más pequeñita,
risueña y rosada
—su aguja en el aire—,
miró a mi ventana.
![]() |
| Henri Martin: La terraza. |
La mayor seguía
silenciosa y pálida,
el huso en su rueca
que el lino enroscaba.
Abril florecía
frente a mi ventana.
Una clara tarde
la mayor lloraba,
entre los jazmines
y las rosas blancas,
y ante el blanco lino
que en su rueca hilaba.
—¿Qué tienes —le dije—
silenciosa pálida?
Señaló el vestido
que empezó la hermana.
En la negra túnica
la aguja brillaba;
sobre el velo blanco,
el dedal de plata.
Señaló a la tarde
de abril que soñaba,
mientras que se oía
tañer de campanas.
Y en la clara tarde
me enseñó sus lágrimas...
Abril florecía
frente a mi ventana.
![]() |
| Gwen John: Mujer que cose en una ventana. |
Fue otro abril alegre
y otra tarde plácida.
El balcón florido
solitario estaba...
Ni la pequeñita
risueña y rosada,
ni la hermana triste,
silenciosa y pálida,
ni la negra túnica,
ni la toca blanca...
Tan sólo en el huso
el lino giraba
por mano invisible,
y en la oscura sala
la luna del limpio
espejo brillaba...
Entre los jazmines
y las rosas blancas
del balcón florido,
me miré en la clara
luna del espejo
que lejos soñaba...
Abril florecía
frente a mi ventana.
![]() |
| Vivi Naif: Ventana de Dalí y Van Gogh. |
jueves, 30 de enero de 2014
Noche serena. Fray Luis de León.
ODA
VIII - NOCHE SERENA
A
Don Loarte
Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro hacia el suelo
de noche rodeado,
en sueño y en olvido sepultado,
el amor y la pena
despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
despiden larga vena
los ojos hechos fuente;
Loarte y digo al fin con voz doliente:
«Morada de grandeza,
templo de claridad y hermosura,
el alma, que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel baja, escura?
¿Qué mortal desatino
de la verdad aleja así el sentido,
que, de tu bien divino
olvidado, perdido
sigue la vana sombra, el bien fingido?
El hombre está entregado
al sueño, de su suerte no cuidando;
y, con paso callado,
el cielo, vueltas dando,
las horas del vivir le va hurtando.
¡Oh, despertad, mortales!
Mirad con atención en vuestro daño.
Las almas inmortales,
hechas a bien tamaño,
¿podrán vivir de sombra y de engaño?
¡Ay, levantad los ojos
aquesta celestial eterna esfera!
burlaréis los antojos
de aquesa lisonjera
vida, con cuanto teme y cuanto espera.
¿Es más que un breve punto
el bajo y torpe suelo, comparado
con ese gran trasunto,
do vive mejorado
lo que es, lo que será, lo que ha pasado?
Quien mira el gran concierto
de aquestos resplandores eternales,
su movimiento cierto
sus pasos desiguales
y en proporción concorde tan iguales;
la luna cómo mueve
la plateada rueda, y va en pos della
la luz do el saber llueve,
y la graciosa estrella
de amor la sigue reluciente y bella;
y cómo otro camino
prosigue el sanguinoso Marte airado,
y el Júpiter benino,
de bienes mil cercado,
serena el cielo con su rayo amado;
—rodéase en la cumbre
Saturno, padre de los siglos de oro;
tras él la muchedumbre
del reluciente coro
su luz va repartiendo y su tesoro—:
¿quién es el que esto mira
y precia la bajeza de la tierra,
y no gime y suspira
y rompe lo que encierra
el alma y destos bienes la destierra?
Aquí vive el contento,
aquí reina la paz; aquí, asentado
en rico y alto asiento,
está el Amor sagrado,
de glorias y deleites rodeado.
Inmensa hermosura
aquí se muestra toda, y resplandece
clarísima luz pura,
que jamás anochece;
eterna primavera aquí florece.
¡Oh campos verdaderos!
¡Oh prados con verdad frescos y amenos!
¡Riquísimos mineros!
¡Oh deleitosos senos!
¡Repuestos valles, de mil bienes llenos

Paisaje Nocturno. Realismo. Colección Carmen Thyssa
Bornemisza.
Referencias bibliográficas:
http://www.poesi.as/fll08.htm
http://pensaipinta.blogspot.com.es/2010/08/eliseo-meifren-i-roig-modernismo.HTML
A LA VICTORIA DE LEPANTO. FERNANDO DE HERRERA
A LA VICTORIA DE LEPANTO. FERNANDO DE HERRERA
|
Cantemos
al Señor, que en la llanura Venció del ancho mar al Trace fiero; Tú, Dios de las batallas, tú eres diestra, Salud y gloria nuestra. Tú rompiste las fuerzas y la dura Frente de Faraón, feroz guerrero; Sus escogidos príncipes cubrieron Los abismos del mar, y descendieron, Cual piedra, en el profundo, y tu ira luego Los tragó, como arista seca el fuego. El soberbio tirano, confiado En el grande aparato de sus naves, Que de los nuestros la cerviz cautiva Y las manos aviva Al ministerio injusto de su estado, Derribó con los brazos suyos graves Los cedros más excelsos de la cima Y el árbol que más yerto se sublima, Bebiendo ajenas aguas y atrevido Pisando el bando nuestro y defendido. Temblaron los pequeños, confundidos Del impio furor suyo; alzó la frente Contra tí, Señor Dios, y con semblante Y con pecho arrogante, Y los armados brazos extendidos, Movió el airado cuello aquel potente; Cercó su corazón de ardiente saña Contra las dos Hesperias, que el mar baña, Porque en ti confiadas le resisten Y de armas de tu fe y amor se visten. Dijo aquel insolente y desdeñoso: «¿No conocen mis iras estas tierras, Y de mis padres los ilustres hechos, O valieron sus pechos Contra ellos con el húngaro medroso, Y de Dalmacia y Rodas en las guerras? ¿Quién las pudo librar? ¿Quién de sus manos Pudo salvar los de Austria y los germanos? ¿Podrá su Dios, podrá por suerte ahora Guardarlos de mi diestra vencedora? »Su Roma; temerosa y humillada, Los cánticos en lágrimas convierte; Ella y sus hijos tristes mi ira esperan Cuando vencidos mueran; Francia está con discordia quebrantada, Y en España amenaza horrible muerte Quien honra de la luna las banderas; Y aquéllas en la guerra gentes fieras Ocupadas están en su defensa, Y aunque no, ¿quién hacerme puede ofensa? »Los poderosos pueblos me obedecen, Y el cuello con su daño al yugo inclinan, Y me dan por salvarse ya la mano Y su valor es vano; Que sus luces cayendo se oscurecen, Sus fuertes a la muerte ya caminan, Sus vírgenes están en cautiverio, Su gloria ha vuelto al cetro de mi imperio. Del Nilo a Éufrates fértil e Istro frío, Cuanto el sol alto mira todo es mío.» Tú, Señor, que no sufres que tu gloria Usurpe quien su fuerza osado estima, Prevaleciendo en vanidad y en ira, Este soberbio mira, Que tus aras afea en su victoria. No dejes que los tuyos así oprima, Y en su cuerpo, crüel, las fieras cebe, Y en su esparcida sangre el odio pruebe; Que hecho-ya su oprobio, dice: «¿Dónde El Dios de éstos está? ¿De quién se esconde?» Por la debida gloria de tu nombre, Por la justa venganza de tu gente, Por aquel de los míseros gemido, Vuelve el brazo tendido Contra éste, que aborrece ya ser hombre; Y las honras que celas tú consiente; Y tres y cuatro veces el castigo Esfuerza con rigor a tu enemigo, Y la injuria a tu nombre cometida Sea el hierro contrario de su vida. Levantó la cabeza el poderoso Que tanto odio te tiene; en nuestro estrago Juntó el consejo, y contra nos pensaron Los que en él se hallaron. «Venid, dijeron, y en el mar ondoso Hagamos de su sangre un grande lago; Deshagamos a éstos de la gente, Y el nombre de su Cristo juntamente, Y dividiendo de ellos los despojos, Hártense en muerte suya nuestros ojos.» Vinieron de Asia y portentoso Egito Los árabes y leves africanos, Y los que Grecia junta mal con ellos, Con los erguidos cuellos, Con gran poder y número infinito; Y prometer osaron con sus manos Encender nuestros fines y dar muerte A nuestra juventud con hierro fuerte, Nuestros niños prender y las doncellas, Y la gloria manchar y la luz dellas. Ocuparon del piélago los senos, Puesta en silencio y en temor la tierra, Y cesaron los nuestros valerosos, Y callaron dudosos, Hasta que al fiero ardor de sarracenos El Señor eligiendo nueva guerra, Se opuso el joven de Austria generoso Con el claro español y belicoso; Que Dios no sufre ya en Babel cautiva Que su Sión querida siempre viva. Cual león a la presa apercibido, Sin recelo los impíos esperaban A los que tú, Señor, eras escudo; Que el corazon desnudo De pavor, y de amor y fe vestido, Con celestial aliento confiaban. Sus manos a la guerra compusiste, Y sus brazos fortísimos pusiste Como el arco acerado, y con la espada Vibraste en su favor la diestra armada. Turbáronse los grandes, los robustos Rindiéronse temblando y desmayaron; Y tú entregaste, Dios, como la rueda, Como la arista queda Al ímpetu del viento, a estos injustos, Que mil huyendo de uno se pasmaron. Cual fuego abrasa selvas, cuya llama En las espesas cumbres se derrama, Tal en tu ira y tempestad seguiste Y su faz de ignominia convertiste. Quebrantaste al crüel dragón, cortando Las alas de su cuerpo temerosas Y sus brazos terribles no vencidos; Que con hondos gemidos Se retira a su cueva, do silbando Tiembla con sus culebras venenosas, Lleno de miedo torpe sus entrañas, De tu león temiendo las hazañas; Que, saliendo de España, dio un rugido Que lo dejó asombrado y aturdido. Hoy se vieron los ojos humillados Del sublime varón y su grandeza, Y tú solo, Señor, fuiste exaltado; Que tu día es llegado, Señor de los ejércitos armados, Sobre la alta cerviz y su dureza, Sobre derechos cedros y extendidos, Sobre empinados montes y crecidos, Sobre torres y muros, y las naves De Tiro, que a los suyos fueron graves. Babilonia y Egito amedrentada Temerá el fuego y la asta violenta, Y el humo subirá a la luz del cielo, Y faltos de consuelo, Con rostro oscuro y soledad turbada Tus enemigos llorarán su afrenta. Mas tú, Grecia, concorde a la esperanza Egipcia y gloria de su confianza, Triste que a ella pareces, no temiendo A Dios y a tu remedio no atendiendo, ¿Por qué, ingrata, tus hijas adornaste En adulterio infame a una impia gente, Que deseaba profanar tus frutos, Y con ojos enjutos Sus odiosos pasos imitaste, Su aborrecida vida y mal presente? Dios vengará sus iras en tu muerte; Que llega a tu cerviz con diestra fuerte La aguda espada suya; ¿quién, cuitada, Reprimirá su mano desatada? Mas tú, fuerza del mar, tú, excelsa Tiro, Que en tus naves estabas gloriosa, Y el término espantabas de la tierra, Y si hacías guerra, De temor la cubrías con suspiro, ¿Cómo acabaste, fiera y orgullosa? ¿Quién pensó a tu cabeza daño tanto? Dios, para convertir tu gloria en llanto Y derribar tus ínclitos, y fuertes Te hizo perecer con tantas muertes. Llorad, naves del mar; que es destruida Vuestra vana soberbia y pensamiento. ¿Quién ya tendrá de ti lástima alguna, Tú, que sigues la luna, Asia adúltera, en vicios sumergida? ¿Quién mostrará un liviano sentimiento? ¿Quién rogará por ti? Que a Dios enciende Tu ira y la arrogancia que te ofende, Y tus viejos delitos y mudanza Han vuelto contra ti a pedir venganza. Los que vieron tus brazos quebrantados Y de tus pinos ir el mar desnudo, Que sus ondas turbaron y llanura, Viendo tu muerte oscura, Dirán, de tus estragos espantados: ¿Quién contra la espantosa tanto pudo? El Señor, que mostró su fuerte mano Por la fe de su príncipe cristiano Y por el nombre santo de su gloria, A su España concede esta victoria. Bendita, Señor, sea tu grandeza; Que después de los daños padecidos, Después de nuestras culpas y castigo, Rompiste al enemigo De la antigua soberbia la dureza. Adórente, Señor, tus escogidos, Confiese cuanto cerca el ancho cielo Tu nombre ¡oh nuestro Dios, nuestro consuelo! Y la cerviz rebelde, condenada, Perezca en bravas llamas abrasada.
Batalla de Lepanto, cuadro de Andries van Eertvelt
Referencias bibliográficas:
|
sábado, 30 de noviembre de 2013
FÁBULA DE GENIL. PEDRO DE ESPINOSA.
FÁBULA DE GENIL. PEDRO DE ESPINOSA.
También entre las ondas fuego enciendes,
Amor, como en la esfera de tu fuego,
y a los dioses de escarcha también prendes
como a Vulcano, con lascivo juego;
del sacro Olimpo a Júpiter desciendes
y a Febo dejas sin su lumbre, ciego,
y a Marte pones, con infame prueba,
que de tu madre las palabras beba.
El claro dios Genil sintió tus lazos,
Que a la náyade Cínaris adora:
ella le hace el corazón pedazos,
y el crece con las lagrimas que llora.
Corta las aguas con los blancos brazos
la ninfa, que con otras ninfas mora
debajo de las aguas cristalinas
en aposentos de esmeraldas finas.
![]() |
| La fragua de Vulacano, Velázquez, 1930. (Museo del Prado, Madrid). |
Referencias bibliográficas:
A LA BREVEDAD DE LA VIDA. FRANCISCO DE QUEVEDO
A LA BREVEDAD DE LA VIDA
¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh cómo te deslizas, vida mía!
¡Qué mudos pasos tras la muerte fría
con pisar vanidad, soberbia y galas!
Ya cuelga de mi muro
sus escalas,
y es su fuerza mayor mi cobardía:
Por vida nuevo tengo cada día,
que el tiempo cano nace entre las alas.
¡Oh mortal condición!
¡Oh dura suerte!
¡Que no puedo querer ver el mañana
sin temor de si quiero ver mi muerte!
Cualquier instante de
esta vida humana
es un nuevo argumento que me advierte
cuán frágil es, cuán mísera y cuán vana.
Francisco de Quevedo.![]() |
| El triunfo de la muerte, Valdés Leal, 1672. (Hospital de la Caridad, Sevilla) |
Referencias bibliográficas:
Fabula de Polifemo y Galatea. Luis de Góngora
Fabula de Polifemo y Galatea. Luis de Góngora
Sobre una alfombra, que imitara en vano
El tirio sus matices si bien era
De cuantas sedas ya hiló gusano
Y artífice tejió la Primavera,
Reclinados, al mirto más lozano
Una y otra lasciva, si ligera,
Paloma se caló, cuyos gemidos
Trompas de Amor alteran sus oídos.
El ronco arrullo al joven solicita;
Mas, con desvíos Galatea suaves,
A su audacia los términos limita,
Y el aplauso al concento de las aves.
Entre las ondas y la fruta, imita
Acis al siempre ayuno en penas graves:
Que, en tanta gloria, infierno son no breve
Fugitivo cristal, pomos de nieve.
No a las palomas concedió Cupido
Juntar de sus dos picos los rubíes
Cuando al clavel el joven atrevido
Las dos hojas le chupa carmesíes.
Cuantas produce Pafo, engendra Gnido,
Negras víolas, blancos alhelíes,
Llueven sobre el que Amor quiere que sea
Tálamo de Acis y de Galatea.
Fragmento de la Fabula de Polifemo y Galatea. Luis de Góngora.
Referencias bibliográficas:
http://www.poemas-del-alma.com/luis-de-gongora-fabula-de-polifemo-y-galatea.htm
http://literaturabarroca.wordpress.com/2013/06/25/culteranismo/
Sobre una alfombra, que imitara en vano
El tirio sus matices si bien era
De cuantas sedas ya hiló gusano
Y artífice tejió la Primavera,
Reclinados, al mirto más lozano
Una y otra lasciva, si ligera,
Paloma se caló, cuyos gemidos
Trompas de Amor alteran sus oídos.
El ronco arrullo al joven solicita;
Mas, con desvíos Galatea suaves,
A su audacia los términos limita,
Y el aplauso al concento de las aves.
Entre las ondas y la fruta, imita
Acis al siempre ayuno en penas graves:
Que, en tanta gloria, infierno son no breve
Fugitivo cristal, pomos de nieve.
No a las palomas concedió Cupido
Juntar de sus dos picos los rubíes
Cuando al clavel el joven atrevido
Las dos hojas le chupa carmesíes.
Cuantas produce Pafo, engendra Gnido,
Negras víolas, blancos alhelíes,
Llueven sobre el que Amor quiere que sea
Tálamo de Acis y de Galatea.
Fragmento de la Fabula de Polifemo y Galatea. Luis de Góngora.
![]() |
| Polifemo y Galatea, Aníbal Carracci.(Palacio Farnesio, Roma). |
Referencias bibliográficas:
http://www.poemas-del-alma.com/luis-de-gongora-fabula-de-polifemo-y-galatea.htm
http://literaturabarroca.wordpress.com/2013/06/25/culteranismo/
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